lunes, 22 de agosto de 2016

LA LÓGICA DE DIOS

"El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad".
Ernest Hemingway (1896-1961)
Escritor estadounidense.

sábado, 13 de agosto de 2016

LA ENVIDIA

La envidia requiere un contexto en el que los dos actores de la interacción ocupan posiciones asimétricas. Sin duda, hay muchas relaciones asimétricas que no suscitan envidia, sino incluso una sumisión gustosa y gratificante, una inferioridad libre de toda suerte de responsabilidades, que, al menos hasta determinado límite, es aceptada de buen grado.
Pero en la envidia, la asimetría, que juega en favor del envidiado, es vivida por el envidioso como intolerable, porque no se acepta, porque se tiende a no reconocerla y a negarla.  En la interacción envidiosa la asimetría juega en contra del envidioso, con independencia de que, por la eficacia de su actuación,  se depare en ocasiones al envidiado un perjuicio en su imagen pública hasta el punto de situarlo en una posición incluso inferior a la del envidioso. 
De hecho, inicialmente, la mera presencia, real o virtual, del envidiado en el mundo, empírico o imaginario, del envidioso, le depara a éste efectos deletéreos. He hablado de la presencia real o virtual del envidiado. En efecto, la relación con el envidiado no tiene necesariamente que ser real, entendido este término ahora en el sentido fuerte, de relación empírica.
Muchas veces la envidia la suscita alguien con quien no se tiene relación real alguna. En estos casos, es la mera existencia del envidiado, su posición social, sus éxitos, sus logros, sus dotes de empatía, entre otros muchos “bienes” posibles, los que generan lo que se ha llamado el sentimiento de la envidia.
Como en algunas, aunque no todas, las relaciones asimétricas, por ejemplo en muchas de las formas de la relación amorosa, en la interacción envidiosa tiene lugar una dependencia de carácter unidireccional, del envidioso hacia el envidiado  (dado que muchas veces este último ignora la envidia que suscita,  y en ocasiones hasta la mera existencia del envidioso).
El envidioso necesita del envidiado de manera fundamental, porque,  a través de la crítica simuladamente objetiva y justa, se le posibilita creerse más y mejor que el envidiado, tanto ante sí cuanto ante los demás.  Sin el envidiado, el envidioso sería nadie.
Mediante el diestro hipercriticismo sobre el envidiado se procura hacer a éste odioso a los ojos de los demás y, por tanto, rebajarlo a una posición inferior a la que ahora ocupa. En otras ocasiones, aquellas en las que el envidiado sabe de la envidia que provoca, la relación es de tipo enantiobiótico, es decir, una relación necesaria para el perjuicio recíproco de ambos sujetos.
El envidiado necesita a veces del envidioso  –hay quien se inventa envidiosos– para así afirmarse en su posición y, sin esfuerzo, gozar de la destrucción que se le acarrea al envidioso por el hecho de envidiar. Hasta hay delirios de persecución que son, en realidad, delirios de exaltación de sí.
Tan elevada consideración de sí mismo suscita la lógica envidia persecutoria de los demás:  me persiguen porque me envidian; de aquí el carácter lúdico y gratificante de estos delirios.
La dependencia unidireccional del envidioso respecto del envidiado persiste aun cuando el envidiado haya dejado de existir. Y esta circunstancia -la inexistencia empírica del sujeto envidiado y la persistencia, no obstante, de la envidia respecto de él- descubre el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que posee el envidiado, sino el sujeto que posee.
Lo que se envidia de alguien es la imagen que ofrece de sí mismo merced a la posesión del bien que ha obtenido o de que ha sido dotado. Y por eso, aun si el envidiado ha dejado de existir, su imagen, sin embargo, persiste, y, por tanto, no se le ha de dejar en paz, porque sigue estando vigente en el envidioso.
La dependencia del envidioso se debe a la introyección de la imagen del envidiado, de manera que ésta no desaparece por el hecho, meramente circunstancial, de que el envidiado deje de estar entre los vivos.
Una de las peculiaridades de la actuación envidiosa es que necesariamente se disfraza o se oculta, y no sólo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega ante los demás y ante uno mismo sentir envidia. Para proceder a esta ocultación/negación es imprescindible el recurso al dinamismo de la disociación del sujeto, mediante el cual se es envidioso, pero se ha de interactuar como si no se fuera.
Nadie se atreve a decir que envidia a otro. El envidiado se alza ante todos ostentando aquello de que el envidioso carece; refleja, sin pretenderlo, por contraste, la deficiencia del envidioso.
Por eso se dice en le habla coloquial, con gran precisión, que el envidioso “no puede ver” al envidiado, y no precisamente porque le sea meramente antipático. No puede literalmente verlo, porque la visión que de sí mismo obtiene por la presencia del envidiado le es intolerable.
¿Qué es lo que se oculta por el envidioso?
  1. En primer lugar, su posición inferior respecto del envidiado. De ningún modo se estará dispuesto a reconocer  la superioridad del otro, y el hipercriticismo, en la forma más sofisticada, o la difamación, en la forma más tosca, trabajará precisamente para socavar la posibilidad de que los demás forjen o mantengan su superioridad.
  2. En segundo lugar, el propio sentimiento de la envidia. La envidia supone una serie de connotaciones negativas  (maldad, doblez, astucia, “complicación” psicológica) que el envidioso sabe que caerían sobre él, al ser la envidia un sobresaliente predicado de su persona. Por consiguiente, la envidia se racionalizará muchas veces de forma que aparezca incluso como crítica generosa  (“digo esto por su bien”) que se hace sobre el envidiado para prevenirlo de futuros desastres.
NORBERTO LEVY

SER FELIZ

"Puedes tener
defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo.
Sólo tu puedes evitar que ella vaya en decadencia.
Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren.
Me gustaría que recordaras que ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones.
Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es sólo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.
No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos.
No es apenas tener alegría con los aplausos, sino tener alegría en el anonimato.
Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones, y períodos de crisis.
Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser.
Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia.
Es atravesar desiertos fuera de si, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma.
Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos.
Es saber hablar de si mismo.
Es tener coraje para oír un "no".
Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta.
Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. 
Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros.
Es tener madurez para decir 'me equivoqué'.
Es tener la osadía para decir 'perdóname'.
Es tener sensibilidad para expresar 'te necesito'.
Es tener capacidad de decir 'te amo'.
Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz...
Que en tus primaveras seas amante de la alegría.
Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo.
Pues así serás más apasionado por la vida.
Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta.
Sino usar las lágrimas para regar la tolerancia.
Usar las pérdidas para refinar la paciencia.
Usar las fallas para esculpir la serenidad.
Usar el dolor para lapidar el placer.
Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.
Jamás desistas....
Jamás desistas de las personas que amas.
Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible!
Papa Francisco